A lo largo de tres siglos, la relación entre Argentina y Gran Bretaña ha estado marcada por la constante ambición británica por nuestros recursos y la sistemática entrega de nuestra soberanía por parte de la clase dirigente. Desde la ocupación de territorios en el Siglo XIX hasta el traslado de nuestras reservas de oro en el siglo XXI, repaso doce acontecimientos donde nos vimos invadidos por los ingleses.
Por Fernando Barbarán
La clase dirigente argentina siempre tuvo una obsesión con lo inglés. Representaron su cultura, muchas veces la defendieron y, en la actualidad, los políticos amparan abiertamente un alineamiento diplomático e internacional con Gran Bretaña sin ningún tipo de pavor. Por su parte, los británicos también siempre tuvieron una obsesión particular por el Cono Sur americano, por ello, a lo largo de tres siglos, desplegaron una serie de ofensivas militares, políticas y financieras, que han buscando subordinar los intereses argentinos a la Corona.
A continuación presento muy resumidamente, doce acontecimientos que resumen una historia de entreguismo, pero también de resistencia.
1763 – La defensa de Colonia del Sacramento
En 1763 todavía éramos el Virreinato del Perú, pero los británicos ya mostraban sus garras y sus intereses geopolíticos en América del Sur. Durante la Guerra de los Siete Años (una serie de conflictos entre las potencias europeas por el control colonial de territorios globales), una expedición conjunta británica y portuguesa al mando del capitán John MacNamara intentó tomar la ciudad de Colonia del Sacramento, un punto geográfico clave del Río de la Plata, que siempre estuvo dividido entre españoles y portugueses. El comandante español Pedro de Cevallos defendió la ciudad con éxito y repelió el ataque en enero de 1763, logrando el hundimiento del buque inglés Lord Clive. Fue el primer gran intento de los ingleses para ingresar al Cono Sur americano, pero también el primer gran freno a la expansión anglosajona en nuestra región.

1765/1770 – El Combate de Puerto de la Cruzada
La Toma de Puerto Egmont o el Combate de Puerto de la Cruzada, forma parte de los primeros antecedentes de usurpación de los británicos a las Islas Malvinas. El 10 de junio de 1770, una expedición española comandada por Juan Ignacio de Madariaga expulsó por la fuerza a la guarnición británica que se había instalado ilícitamente en la Isla Trinidad, una pequeña isla al norte de la Isla Gran Malvina, que forma parte del archipiélago. Tras un intenso enfrentamiento, las tropas españolas obligaron a los británicos a capitular. Este incidente derivó en una grave crisis diplomática que casi desata una guerra entre España y el Reino Unido. Para evitar el conflicto, se firmó un acuerdo en 1771 por el cual España restituyó temporalmente el lugar a los británicos, con la condición de evacuarlo definitivamente el 20 de mayo de 1774, reconociendo así la soberanía española sobre el archipiélago malvinense.
Este acontecimiento marca un precedente fundamental en el derecho internacional sobre nuestra soberanía en las Islas Malvinas.

1806/1807 – Las Invasiones Inglesas
Las Invasiones Inglesas al Río de la Plata fueron el primer intento de dominación directa.
Entre 1806 y 1807 el Río de la Plata fue escenario de las Invasiones Inglesas, un conjunto de operaciones militares que implicaron a las ciudades de Buenos Aires y Montevideo. Inicialmente ambas ciudades cayeron bajo dominio inglés y amparadas por las oligarquías locales. Pero fueron recuperadas por fuerzas locales formadas por milicias urbanas criollas.
Como dije, el interés británico por estas tierras fue una constante y en esa época se palpitaba más directamente. Aprovechando el avance de Napoleón en Europa continental, Inglaterra buscaba abrir nuevos mercados para sus manufacturas en el planeta y el Río de la Plata le ofrecía ventajas mercantiles de las cuales se aprovecharían por años, hasta la actualidad.
En Buenos Aires, las Invasiones Inglesas evidenciaron las profundas fallas del Virreinato del Río de la Plata. Ni el virrey ni las tropas regulares fueron capaces de defender la ciudad y esa tarea la tomaron valiente y conscientemente los habitantes.
En la primera invasión (junio de 1806), tropas al mando de William Carr Beresford tomaron Buenos Aires tras la huida del virrey Rafael de Sobremonte. Sin embargo, la ciudad fue reconquistada semanas después por milicias criollas organizadas por Santiago de Liniers. En la segunda invasión (junio de 1807), una fuerza mayor británica tomó Montevideo y avanzó sobre Buenos Aires. Fueron derrotados calle por calle por el pueblo y las milicias organizadas por Martín de Álzaga, obligándolos a rendirse y retirarse.
La “Reconquista” (en 1806) y la “Defensa” (en 1807) de la llamada entonces Ciudad de la Santísima Trinidad, ocupan un lugar importante en la historia de la patria, sin embargo, son unos de los episodios más ocultados por las clases dirigentes. Así mismo, el relato épico que se construyó sobre la resistencia local frente al invasor extranjero y la conciencia nacional alrededor de este evento, fue fundamental para el proceso de emancipación que sucederá posteriormente durante la Revolución de Mayo de 1810 y la Declaración de la Independencia de 1816.
Por su parte, el gobernador de Montevideo Pascual Ruiz de Huidobro, resistió lo que pudo con una dotación pequeña de militares y con otro frente de batalla abierto en la ciudad de Maldonado. Finalmente, Santiago de Liniers envió tropas hacia Colonia de Sacramento, logrando recuperar nuevamente esta ciudad y avanzando hasta la recuperación de Montevideo.
Finalmente, los ingleses no pudieron, a través de sus corsarios, alcanzar su objetivo de capturar el tesoro colonial y abrir nuevos mercados comerciales para la Corona. Aunque no se detendrían ahí.

1824 – Empréstito Baring Brothers
El empréstito Baring Brothers fue el primer endeudamiento externo de la Argentina, abriendo una puerta que difícilmente se cerró dos veces en la historia (1947 y 2007), pero que después se volvió a recurrir. En 1824, el gobierno de la provincia de Buenos Aires, liderado por Bernardino Rivadavia, contrajo un préstamo de un millón de libras esterlinas con la banca británica para obras públicas.
Sin embargo, la provincia recibió menos de la mitad de ese dinero, debido a una serie de intermediarios (tanto argentinos como ingleses) que lucraron con el incipiente Estado argentino. El gobierno firmó por un millón de libras esterlinas, pero descontando comisiones, gastos y el adelanto de intereses, solo ingresaron a las arcas entre $552.000 y $570.000 de libras.
Las obras prometidas (un puerto, red de agua corriente y pueblos) nunca se realizaron. Para asegurar el pago, el gobierno bonaerense hipotecó todas sus tierras públicas, rentas y bienes de la provincia.
Y la deuda se canceló recién ochenta años después, en 1904, durante la presidencia de Julio Argentino Roca, por una suma que superó ampliamente el valor original.
La toma de deuda con entidades financieras británicas, no solamente abrió el ciclo eterno de endeudamiento del país con capitales extranjeros, sino que significó la apertura a tratados comerciales con Inglaterra, donde siempre fuimos perdedores.

1833 – La usurpación de las Islas Malvinas
El 10 de junio de 1829, la incipiente nación Argentina, creó la Comandancia Militar y Política de las Islas Malvinas bajo el mando de Luis Vernet. La gobernación, establecida por el gobierno de Buenos Aires ejerciendo el acto de soberanía nacional, tenía su sede en Puerto Soledad y buscaba consolidar y administrar la soberanía argentina heredada de España.
El 3 de enero de 1833, la corbeta británica Clio expulsó a las autoridades argentinas de nuestras islas. Intimidaron y depusieron por la fuerza a la guarnición y población argentina establecida legítimamente en Puerto Soledad, reemplazándolas por autoridades y súbditos de la corona inglesa.
Tras la expulsión, la resistencia civil no tardó en manifestarse. El 26 de agosto de 1833, un grupo de criollos y gauchos liderados por el Gaucho Antonio Rivero tomó por asalto Puerto Soledad, redujo a los ocupantes británicos e izó nuevamente la bandera argentina, marcando un histórico episodio de resistencia que se mantuvo hasta ser aplastado en enero del año siguiente por refuerzos británicos.
Este acto de fuerza ilegal inició una ocupación colonial que, a casi dos siglos de distancia, continúa siendo la herida abierta más grande de nuestra soberanía.

1845 – La Vuelta de Obligado en el Río Paraná
Ante el bloqueo anglo-francés, la Confederación Argentina, liderada por Juan Manuel de Rosas, plantó bandera en la Vuelta de Obligado. Fue una lucha desigual contra las potencias más avanzadas de la época para defender la libre navegación de nuestros ríos interiores.
En 1845, las potencias de Gran Bretaña y Francia intentaron imponer por la fuerza la libre navegación de los ríos interiores de Argentina para comerciar sin pagar impuestos ni pedir permiso al gobierno de Buenos Aires.
Para frenar el avance de esta flota, las tropas argentinas lideradas por el general Lucio N. Mansilla colocaron una enorme cadena de costa a costa sobre el río.
Aunque las fuerzas europeas superaban militarmente a los defensores, la resistencia argentina obligó a las potencias a reconocer la autoridad de la Confederación Argentina sobre sus ríos poco tiempo después. Por este motivo, en Argentina se conmemora cada 20 de noviembre el Día de la Soberanía Nacional, en honor a quienes defendieron el territorio nacional.

1874 – El intento de bombardeo a Rosario, Santa Fe
Este acontecimiento no se conoce mucho. Pero pinta de cuerpo entero a la clase dirigente argentina, arrodillada a los intereses ingleses. Esto debería enseñarse en las escuelas y debería ser feriado, para ver si con más fechas reflexivas cambiamos de una buena vez la mente colonizada que tenemos como sociedad.
El tema fue el siguiente. Servando Florencio Bayo, gobernador de Santa Fe entre 1874 y 1878, decidido a proteger la soberanía económica de su provincia y a nacionalizar el crédito. Para contrarrestar el peso del capital extranjero, fundó en 1874 el Banco Provincial de Santa Fe, con el fin de dotar a la provincia de una institución propia y fuerte. Porque en Santa Fe ya operaba el Banco de Londres, el cual estaba autorizado por una ley provincial a emitir moneda, pero la política crediticia de la entidad inglesa generaba tensiones con el nuevo banco estatal. En 1875, respaldado por el presidente Nicolás Avellaneda, Bayo logró sancionar una ley que obligaba a convertir en oro todas las emisiones de papel moneda realizadas por el gobierno provincial. La medida apuntaba a disciplinar al Banco de Londres, que se negó a cumplirla. Entonces el gobierno provincial, ejerciendo su derecho, intervino el banco inglés y despidió a su gerente.
Y aquí comienza el cipayismo. Manuel Quintana, senador nacional y, simultáneamente, asesor legal del Banco de Londres, para eludir el conflicto de intereses, renunció a su banca alegando “problemas de salud”, pero pronto viajó a Londres en junio de 1876 para consultar a la dirección del banco qué debía hacer. No lo hizo por convicción propia como senador nacional, no. Fue a consultarle a un gerente de un banco inglés cómo debía resolver. Ahí se ve el valor que tenía su cargo y sus intereses. Quintana volvió con la orden de utilizar la fuerza militar y bombardear la ciudad de Rosario si Santa Fe no revertía la intervención del banco.
Cuando Quintana regresó al país, intentó presionar al gobierno nacional afirmando que un barco cañonero inglés ya tenía órdenes de retirar los caudales y actuar si Argentina no cedía.
Afortunadamente, el ataque nunca se concretó gracias a la firme postura diplomática del canciller Bernardo de Irigoyen, quien se negó a respaldar la intimidación extranjera.
Manuel Quintana tuvo otra suerte: fue elegido presidente de la Nación en 1904, acompañado por José Figueroa Alcorta. Y, por supuesto, defendió siempre los intereses extranjeros desde sus posiciones de poder en la política.
La amenaza inglesa de bombardear la ciudad de Rosario, es solo un recordatorio más de cómo la clase dirigente sobre pone los intereses financieros extranjeros y se olvida de la soberanía nacional.

1933 – Pacto Roca-Runciman
En 1933, Gran Bretaña organizó la Conferencia de Ottawa donde priorizó el comercio con sus colonias, luego de la Depresión de 1929, que dejó al capitalismo global tambaleando. Los sectores ganaderos argentinos quedaron afectados y, sin buscar nuevos mercados u otras opciones comerciales (como debería ser en un sistema de libertad de mercado y libre competencia justa entre empresarios, ¿no?), el gobierno de Agustín P. Justo buscó desesperadamente mantener su cuota exportadora de carne. Para ello, envió a Londres una delegación encabezada por el vicepresidente Julio Roca (hijo), quien llegó a afirmar, bajo una lógica de subordinación, que la economía argentina era una pieza integrante del imperio británico.
El acuerdo, finalmente suscrito con el ministro británico Walter Runciman, resultó en una entrega de soberanía económica sin precedentes. Si bien Inglaterra garantizó la compra de carne argentina bajo la condición de precios competitivos, el país aceptó términos humillantes: eliminó impuestos a productos británicos, prohibió la creación de frigoríficos nacionales, entregó el monopolio del transporte porteño a empresas inglesas y supeditó la política monetaria y bancaria nacional a la influencia británica a través del directorio del Banco Central (casi como ahora).
La indignación ante este pacto derivó en un histórico proceso de denuncia liderado por el senador Lisandro de la Torre. En 1935, el legislador expuso un esquema de fraude, evasión impositiva y privilegios inadmisibles en favor de los frigoríficos extranjeros, vinculando directamente a ministros del Poder Ejecutivo con esta trama de impunidad. La resistencia de De la Torre, que puso al descubierto la vulneración de los intereses nacionales, culminó trágicamente en el Senado cuando, en un intento por silenciar sus revelaciones, un atentado terminó con la vida de su compañero de banca, Enzo Bordabehere.
El tratado Roca-Runciman ha suscitado distintas interpretaciones. Una de las más conocidas es la de los intelectuales del grupo FORJA, que lo definieron como el “estatuto legal del coloniaje”. El convenio cristalizó y consolidó el carácter dependiente de la economía argentina y sus clases dirigentes con Gran Bretaña.

1943 – La Operación Tabarin y el incidente en la Isla Decepción
En plena Segunda Guerra Mundial, el Reino Unido estableció bases en la Antártida Argentina bajo el pretexto de la guerra. Fue un movimiento estratégico para consolidar reclamos territoriales sobre nuestro continente blanco, aprovechando la coyuntura global.
Le dieron el nombre de Operación Tabarín y fue una expedición secreta británica (1943-1946) que marcó el inicio de la ocupación inglesa en la Antártida. Lanzada durante la Segunda Guerra Mundial por el Almirantazgo y el Ministerio de Colonias, su objetivo principal fue reforzar las reclamaciones territoriales de Gran Bretaña frente a los crecientes reclamos y presencia constante de Argentina y Chile.
Para llevar a cabo esta empresa, el Reino Unido utilizó la excusa de proteger la región de posibles buques y submarinos nazis. Aunque también intentó encubrir esta misión como una expedición científica, para realizar investigaciones en meteorología y geofísicas. Algunas de estas acciones ya las realizaban las bases argentinas y chilenas. Entonces, bajo estas excusas, establecieron bases permanentes en lugares estratégicos de la Península Antártica. Una de ellas fue la de Puerto Lockroy, fundada en 1944, en la Isla Wiencke. La segunda fue en la Isla Decepción, que nos lleva a la segunda parte de esta historia.
Argentina venía reforzando su presencia en la Antártida desde el año 1942 y, bajo el gobierno peronista, las políticas de soberanía en el Territorio Antártico e Islas del Atlántico Sur aumentaron. Específicamente, en la Isla Decepción y en la Bahía Esperanza, Argentina había formalizado su soberanía mediante el depósito de actas, demarcación de territorios y presencia militar. En el verano de 1953, se fundó el refugio «Teniente Lasala», establecido por el buque argentino ARA Chiriguano, quedándose a vivir allí dos suboficiales de marina argentinos. En una de estas incursiones, Chile acompañó y también construyó un refugio.
El Reino Unido, bajo la gestión de Winston Churchill, no toleró que Argentina haga lo mismo que habían hecho ellos en otras partes del mundo y consideraba cualquier avance argentino en la Antártida como una «agresión indefendible» y una ruptura de su soberanía en el Atlántico Sur. Cuando se enteraron que Argentina y Chile habían montado un refugio en la Isla Decepción y las Fuerzas Armadas Argentinas dejaron la presencia de dos militares, el gobierno de Churchill decidió pasar al ataque sin previa notificación diplomática, enviando fragatas y tropas para desarticular la presencia argentina.
El 15 de febrero al mediodía desembarcaron en la isla un teniente, un mayor y 35 infantes de marina de la fragata británica HMS Bigbury Bay provenientes de la península de Corea y armados con subfusiles Sten, rifles con bayonetas y gas lacrimógeno. Según registros, la detención fue ejecutada por un agente de policía británico que, hablando un español fluido, exigió pasaportes a los marinos argentinos bajo el argumento de que se hallaban en «tierras de Su Majestad Británica». Tras el arresto, las fuerzas británicas confiscaron equipos científicos, documentos y la bandera nacional, destruyendo las instalaciones antes de entregar a los suboficiales argentinos en las Islas Georgias del Sur días después.
Este acontecimiento abrió una serie de conflictos en el Territorio Antártico, que, a contramano de los intereses británicos, finalizó con la firma del Tratado Antártico, en una alianza estratégica entre Chile, Argentina y la Unión Soviética, para garantizar el uso exclusivamente pacífico de la Antártida, prohibir las actividades militares y ensayos nucleares y dejar suspendidos los reclamos de soberanía preexistentes.
Así mismo, forma parte de los intentos de invasión inglesa a territorio nacional.

1976 – Operación Shackleton
El 4 de febrero de 1976 el destructor ARA Almirante Storni interceptó al buque inglés Shackleton a 78 millas al sur de Puerto Argentino (Islas Malvinas).
El interés del buque de investigación británico era estudiar posibles reservas de petróleo en aguas del Atlántico Sur y de soberanía marítima argentina. Por ello, la respuesta fue inmediata: el destructor argentino ARA Almirante Storni interceptó al Shackleton, realizó disparos de advertencia sobre la proa y lo obligó a retornar su rumbo hacia Puerto Argentino. El ARA Almirante Stori disparó bajo el sustento legal, ya que estaban en la jurisdicción argentina sobre las 200 millas alrededor de las Islas Malvinas, como lo hubiera hecho Inglaterra o cualquier país si la situación fuese al revés. Mientras, el gobierno argentino ordenó la expulsión del embajador británico por negarse a informar al Shackleton que de la vuelta. El Reino Unido elevó el reclamo a la ONU.
Casi dos meses después, ocurriría el golpe de Estado en Argentina, que sabemos, Estados Unidos, aliado incondicional de Inglaterra, tuvo que ver.

1982 – Guerra de Malvinas
El desembarco argentino en la Isla Soledad el 2 de abril de 1982, por un intento desesperado de la Dictadura Militar de construir popularidad, lo conocemos. Esto desencadenó en la Guerra de Malvinas, la cual le fue beneficiosa a Inglaterra y la Dictadura Militar, pero no para Argentina y los 649 soldados que fueron víctimas de este delirio.
Así mismo, este conflicto bélico fue el enfrentamiento directo contra el colonialismo británico, por eso Argentina recibió apoyo de países no alineados con Estados Unidos durante la guerra.
Fue un acontecimiento que cambió para siempre nuestra identidad nacional y la forma de vernos en el mundo. Más allá de seguir siendo una sociedad que elige gobernantes cipayos.

2024 – La entrega de las reservas
Entre junio y agosto de 2024, el Banco Central de la República Argentina (BCRA), con la orden del Ministro de Economía Luis Caputo y el Presidente de la Nación Javier Milei, envió a Inglaterra aproximadamente 13 toneladas de lingotes de oro, valuadas en cerca de 960 millones de dólares. Los embarques se realizaron en vuelos desde el Aeropuerto Internacional de Ezeiza hacia el Reino Unido, bajo la justificación oficial de obtener un mayor rendimiento financiero y seguridad, pero en total secretismo y oscurantismo. Esta operación generó una fuerte desconfianza en el gobierno por la situación en la que se trasladó el oro, sin explicaciones técnicas convincentes ni garantías claras, y por exponer las reservas y riquezas del país a posibles embargos de fondos buitres en el exterior.
Por supuesto, lo más grave es haber depositado el oro, riqueza estratégica del país, en la misma potencia donde existe una disputa territorial vigente. Esto no hizo nada más que reforzar la política pro-británica del gobierno de Javier Milei y la fuga de capitales nacionales al exterior.
En tiempos de “libertad”, la genuflexión hacia Inglaterra y los intereses extranjeros es total.

Fijate de qué lado de la mecha te encontrás…
