CARNE DE BURRO EN ARGENTINA: ¿EL NUEVO SUSTITUTO DEL ASADO ANTE LA CRISIS?

En el país de las vacas sagradas y el «granero del mundo», el menú se puso terco. El consumo de carne en Argentina es el más bajo de la historia y los mostradores locales le dan la bienvenida a un invitado inesperado: el burro. Del «Carne Para Todos» a un «Relincho Para Pocos», un reflejo de la era de la motosierra.

¿Asado o rebuzno? La nueva «delicia» que llega a las carnicerías argentinas

Argentina siempre se jactó de ser el olimpo de la carne vacuna. Por décadas la carne argentina alimentó a Europa durante sus peores guerras y crisis. En la década pasada, fuimos un país donde el éxito se medía por el humo que salía de las terrazas los domingos. Sin embargo, en un giro del destino digno de una sátira de Fontanarrosa, la noticia ha sacudido las estanterías: la carne de burro ya se vende en carnicerías del país.

El país de la vaca que mira por TV

Resulta casi poético (o trágico) que el mayor exportador de carne vacuna del mundo empiece a considerar al burro como una opción viable para el guiso. Mientras el Gobierno Nacional celebra que los cortes Premium viajan en contenedores hacia los mercados asiáticos y europeos, el ciudadano de a pie redescubre la fauna local. Hemos pasado de la «soberanía alimentaria» a la «supervivencia gastronómica» con una velocidad que ni el más pesimista previó. Argentina, ese lugar donde te prometieron libertad y terminaste eligiendo entre el lomo de exportación o el cuarto trasero de un équido.

El «efecto Milei» en la mesa

No es una casualidad que el burro asome la cabeza justo ahora. Desde que Javier Milei asumió la presidencia, el consumo de carne vacuna en Argentina ha perforado pisos históricos. Según las últimas estadísticas, la ingesta por habitante cayó a niveles cercanos a los 48 kilos anuales, una cifra que nos acerca más a países sin tradición ganadera que a nuestro propio pasado de gloria parrillera. La liberación de precios y la pérdida del poder adquisitivo han hecho que el asado se convierta en un objeto de lujo. En este contexto de motosierra para el bolsillo, el burro no es solo una opción nutricional, es el símbolo de una dieta que se ajusta hasta el hueso.

¿Será este el inicio de una nueva tradición?

Durante la década del 90 en Argentina, también transversalizada por políticas neoliberales, la carne de cerdo apareció en la mesa familiar como una novedad, pero también una opción más barata ante las crisis del capitalismo nacional. ¿Será entonces el burro el símbolo de la década libertaria?

Solo el tiempo dirá si el próximo gran evento nacional será un mundial de asado de burro o si, finalmente, la vaca volverá a bajar del pedestal del privilegio para retornar al plato de los argentinos.

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