MOVILIZACIÓN Y REDES: LAS CLAVES DE LA REMONTADA

Entre la marea humana en las calles y una agresiva «guerra de guerrilla digital”, el PT redefinió su estrategia para revertir un escenario adverso y asegurar el histórico cuarto mandato de Lula da Silva frente al avance de la extrema derecha.

Por Fernando Barbarán

El PT recuperó la capacidad de movilización

El Partido Dos Trabalhadores (PT), fundado por el mismísimo Lula y desde el cual se dirigieron las grandes marchas obreras en Brasil desde las huelgas contra la Dictadura Militar, hasta las manifestaciones contra Fernando Collor de Melo y Fernando Henrique Cardozo, pasando por las campañas electorales durante los 90 que posicionaron a Lula como líder de la oposición al neoliberalismo, fue perdiendo de alguna manera la capacidad de movilización una vez que llegaron al poder en 2003. De a poco se fue apagando la presencia constante en las calles, cuando los dirigentes del partido comenzaron a ocupar responsabilidades de gobierno en la gran estructura estatal de la República Federativa de Brasil. Es entendible, le ha pasado a otros partidos y experiencias populares de gobierno durante el Siglo XXI en el Continente. Se explica desde muchos factores, como la resolución de problemas a las clases medias empobrecidas por el neoliberalismo, que dejaron de necesitar salir a la calle para reclamar derechos y mejoras, el cambio generacional, entre otros.

Sin embargo, una vez en el poder, el PT sufrió una paulatina desmovilización popular provocada por la burocratización de su dirigencia, la absorción de sus líderes comunitarios y sindicales en cargos dentro del Estado y el viraje hacia una política de «conciliación de clases». Este fenómeno transformó el «petismo» original en «lulismo», alejando a las clases medias y trabajadoras organizadas del sur brasileño, pero sumando la adhesión masiva y espontánea de las poblaciones vulnerables del nordeste beneficiadas por las políticas sociales. La pasividad de las bases militantes dejó al espacio indefenso ante las ofensivas de la derecha, lo que se hizo evidente cuando la sociedad reaccionó con cierta indiferencia ante la destitución de Dilma Rousseff y la encarcelación de Lula; a pesar de haber estado este último acompañado por las bases más fieles del PT hasta la prisión cuando fue víctima del lawfare.

A pesar de esa histórica pérdida de dinamismo militante en la calle, el movimiento logró reconstruir y activar nuevamente esa capacidad de articulación política e identitaria de cara al último proceso electoral. La derrota de Lula contra Flávio Bolsonaro en la primera vuelta, terminó encendiendo nuevamente la llama de la movilización popular. Las nuevas generaciones de jóvenes y un protagonismo activo de mujeres, movilizaron las bases del PT, superando las internas que dañaban la campaña y reactivaron a los votantes anti-bolsonaristas que no habían ido a sufragar en primera instancia.

Los actos y marchas multitudinarias volvieron a diferentes ciudades de Brasil, luego de las elecciones del 4 de octubre del 2026. Pero la más determinante fue la movilización del 11 de octubre que cubrió quince cuadras de la Avenida Paulista, eje financiero, cultural y turístico más importante de la ciudad de São Paulo. Celebrada por el mismísimo Lula en el discurso posterior a la victoria.

Al revitalizar la enorme fidelidad del electorado popular y articular de forma efectiva a las masas del nordeste y los sectores postergados en favor de la gran e indiscutible figura de Lula, el espacio consiguió revertir la adversidad, remontar el resultado adverso de la primera vuelta en los comicios recientes y coronar con éxito una contienda clave que lo mantiene en el poder por al menos cuatro años más.

Avenida Paulista el 11/10/26 durante la movilización del PT antes del balotaje.

La campaña digital

En la recta final hacia la segunda vuelta, el diputado André Janones asumió como estratega digital de la campaña de Lula e implementó una táctica totalmente disruptiva (para la moralidad de la izquierda) que resultó clave para complementar la movilización popular. Frente a los métodos tradicionales que utilizaba el progresismo frente al ascenso de la posverdad y el neofascismo, que apostaban por desmentir la información falsa de forma pausada y verificada, Janones diseñó una auténtica «máquina de guerra virtual» enfocada en la velocidad, la emoción y la provocación constante. Esta audaz aproximación permitió trascender la burbuja progresista tradicional y conectar de manera directa y visceral con las clases populares.

La estrategia ofensiva liderada por Janones se basó en una táctica de guerrilla digital que adoptó las armas del propio bolsonarismo, priorizando el impacto por sobre los escrúpulos éticos. Mediante contenidos hiperbólicos, insinuaciones, datos descontextualizados y la viralización de rumores o noticias falsas de alto voltaje emocional (como la falsa asociación de una refugiada ucraniana con redes de explotación o el falso rumor sobre un plan para quitarle a Nuestra Señora de Aparecida su estatus de patrona nacional), el equipo logró sacar a Lula de una postura defensiva y disputar el terreno virtual golpe por golpe.

Una de las medidas más exitosas fue el “Exército do Lula”. Consistió en un Canal de WhatsApp que pasó de 50 mil a 10,8 millones de personas en menos de tres semanas. Pero no era solo un grupo para leer mensajes, sino que la audiencia tenía tareas como invitar a otras personas, compartir publicaciones, hacer memes y recortes, participar de acciones digitales y, lo más importante, ir a los actos y las movilizaciones. Básicamente, entender la audiencia como prosumidores, en vez de consumidores, como plantea cualquier teoría de comunicación digital de la actualidad. A tres días del balotaje, Lula y Janones movilizaron al “ejército” a través de un Live (video en vivo). La transmisión superó las 1,18 millones de visualizaciones solo en el canal oficial de YouTube de Lula. Al terminar el Live, aparecieron nuevas “misiones” para el “ejército”, como hacer más memes, cortar videos y seguir ampliando el canal. A pesar de la censura indirecta de Meta y la campaña sucia, la principal medida de campaña se dio por WhatsApp y el resultado también fue contundente: al cierre de la elección, el canal de Lula tenía cinco veces más seguidores que el canal “Tropa do Flávio”.

El giro táctico propuesto por Janones abrió un profundo debate sobre los nuevos caminos de la comunicación política en la izquierda, demostrando que la remontada electoral no provino de una moderación programática de centro, sino de la combinación entre la reactivación de su base tradicional, el temor al adversario y una agresiva saturación del espacio digital. Así, mientras se consolidaban medidas concretas para las mayorías (como la limitación de la jornada laboral a cinco días por semana), el método Janones redefinió las reglas de la confrontación política contemporánea en Brasil, por ello fue felicitado por Lula en el discurso de victoria, junto con las bases militantes.

André Janones en el primer video que viralizó después de las elecciones en la primera vuelta.

No todo está definido todavía

WhatsApp no explica por sí solo la remontada histórica de Lula en la segunda vuelta de las elecciones en Brasil del año 2026. La movilización popular en las calles fue fundamental también. Quitarse de encima los modales igualmente ayudó. Y no tener la tibieza y los consensos como práctica política es la característica de Lula al gobernar, lo que lo hace llegar con un liderazgo genuino a los procesos electorales. Por eso su figura indiscutida.

Sin embargo, el resultado de la elección no dejó de ser apretado. Las tendencias de extrema derecha no fueron anuladas y subyacen en la política brasileña y crecen a nivel global. El bolsonarismo aumentó la representación en el parlamento, excepto Flávio, el resto del clan Bolsonaro ingresó a cargos de gobierno, el poder evangélico sigue aumentando y el avance del feminismo sigue incomodando a los titanes inseguros del orden viril.

Ya Flávio Bolsonaro anunció que en las elecciones hubo fraude, utilizando una vez más el manual de derrota tradicional de la derecha. Y todavía queda la posibilidad latente de un intento de golpe de Estado, como en enero del 2023.

Pero en la izquierda festejamos igual y está bien que así sea, sobre todo en estos tiempos de oquedad y deshumanizados. Lula no derrotó a Flávio Bolsonaro, ya que no era rival digno de él, ya sea por su trayectoria política o su preparación a lo largo de los años, sino que Lula le ganó a la época. Se convirtió en el líder indiscutido de la historia de su país y en la figura política más representativa del Siglo XXI en Latinoamérica y el mundo.

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