EL MUNDIAL MÁS CARO DE LA HISTORIA MUNDIAL

En medio de la degradación material del capitalismo y el paroxismo imperial, la máxima cita del fútbol se consolida como un producto restrictivo y aspiracional. Entre la nostalgia de la infancia y la ironía de saberse parte de la manada, analizamos el evento deportivo más caro (y cínico) de la historia.

Por Gonzalo Ramos

Transcurre el Mundial más caro de la historia, en el centro imperial indiscutido al que los pueblos del mundo acuden siempre y cuando cuenten con un mínimo de cien mil dólares en sus cuentas bancarias.

Con las ñatas contra el vidrio millones de personas lo vivimos por las plataformas, que también son pagas y la gran mayoría son de capitales estadounidenses. Las canchas están atestadas de hinchas de jugadores o de equipos sin necesariamente ser de esas nacionalidades. De hecho se pueden ver más hinchas asiáticos que argentinos portando la casaca albiceleste, con el respeto que los descendientes de Fujimori nos merecen.

¿Es un circo? Sí. ¿Es un espectáculo? Sí. ¿Es cada vez más restrictivo? No hay dudas. Pero tiene ese no sé qué de las luces del centro que, a pesar de nuestra conciencia, nos atraen.

Acuden en estos eventos globales necesidades de patriotismo que encuentran en el fútbol un espacio inocuo y sin compromiso, también se enerva la educación machista y aspiracional a la que venimos siendo sometidos generación tras generación. Sin dudas aparecen en estos hitos sociales remembranzas de la niñez, las relaciones familiares, buenos recuerdos entre seres queridos, pero sostenidos en el consumo de un producto pergeñado para facturar y facturar…

Un Mundial de Fútbol se parece mucho a las fiestas de fin de año, a la que todos acudimos con reparos, con justa ironía, pero a las que cedemos finalmente por el peso social de quedar fuera de la manada. Además porque cada tanto, un poco de brillantina no viene mal.

No podemos dejar de poner sobre este mesón de feria americana de análisis que, el Mundial, se desarrolla en un país gobernado por un nefasto Donald Trump, que en este último tiempo ha profundizado su paroxismo imperial desatando guerras por doquier y que tiene como último galardón la declarada invasión e intervención a Venezuela (para hacer notar que por mucho menos que esto a Rusia se lo relegó de todos los eventos deportivos organizados por FIFA y otras organizaciones deportivas).

El trasfondo de este mundial es la crisis más profunda y de larga duración de la historia de la humanidad: el capitalismo en su etapa de degradación material y la relativización brutal de los criterios de verdad. Hambre y posverdad, menudo cóctel.

Sin dudas que es el mundial más caro de la historia en muchos aspectos y eso es una marca de época. Lo absurdo sobre lo racional, mucha brillantina tapando el hambre y el sentido común riendo desdentado desde el fondo del salón.

Seguimos marcando el fixture que ya arranca Japón-Suecia…

Deja un comentario