DEL PESIMISMO A LA DESESPERANZA POLÍTICA

Por: Gonzalo Ramos

Adolece este nuestro querido país de varios males: corrupción, inflación, desempleo, inestabilidad monetaria, endeudamiento generalizado y una retahíla de etcéteras cada vez más sombríos; esto no es una novedad y tampoco nos genera rasgaduras de vestiduras, chapoteamos en nuestra miseria.

También podemos hacer el ejercicio de pensar que ante este escenario tenemos una gran capacidad de adaptación y supervivencia lo que nos transforma en una especie de héroes anónimos que día a día salimos a pelearle a la vida (dicho esto con música de Rocky corriendo en Filadelfia de fondo) y la verdad que no, no hay héroes timoratos ni cobardes ni hay hidalguía en actos reflejos estrictamente animales como conseguir alimentos para no morir de inanición.

Entonces la ruta semivacía de la reflexión nos conduce en suave descenso hacia la rotonda de la resignación y la mediocridad. Digo esto porque el sentido común (ese que tanto se critica en estas columnas y por eso se estudia de manera sistemática) está pululando entre chillar ignominioso en redes sociales y el aceptar mansamente cada nuevo chirlo con la mano abierta, teniendo anestesiado ese costado de dignidad cívica que este bendito país ha sabido tener y cada tanto le brota pero cada vez con más delay y menos power.

Un ejemplo de la gavilla que podemos poner en la mesa es el siguiente: nadie sabe quiénes son los ministros de salud y educación de la nación, es decir los que gestionan dos de las carteras más importantes en la planificación seria de un país, nade sabe ni quiere saber que esos ministerios ya no existen y probablemente, a esta altura lo único que interesa es qué orden dicte el magnánimo emperador de campera de cuero. Y ahí tenemos uno de los nodos de análisis más urgentes: hemos aceptado mansamente que se soliviante el sistema republicano con un despliegue propagandístico y acciones concretas del gobierno de Milei en post del ejercicio de poder sin control ni judicial ni legislativo yendo más allá a la muñeca negociadora en el parlamento y la rosca judicial recontra instaladas en nuestro territorio. Lisa y llanamente el objetivo de Javier Gerardo es suspender la república y ejercer el summum del poder público cuan emperador o tirano, los detalles son lo de menos.

Viene a este mesón de feria americana de trabajo un adagio mileísta gastado en el inicio de su gobierno y hasta las últimas elecciones legislativas nacionales en torno a que el congreso es un nido de ratas que obstruye el ejercicio de las funciones del presidente y que finalmente debería ser dinamitado para que el presidente puede actuar a discreción ya que eso es lo que votó la gente, a él y solo a él, así de grotesco así de real. Como el padre perruno entendió que al no poder usar las bombas que le sobraron a Bullrich lo que le quedó es usar las bondades de la democracia, sumando legisladores obedientes para avalar sus caprichosos DNUs y sus megaleyes desreguladoras, pero ni aún así ha logrado la suma del poder público, por lo que el despotismo y los ajusticiamientos internos vienen siendo la forma actual de imponer su voluntad a la par de los ataques a todo lo que se cruce en su camino: justicia, periodistas, discapacitados, universidades públicas, planeros, kukas, perros vivos, guau.

Así las cosas entre la voracidad de poder del presidente y la desidia cobarde de la población solo la inercia republicana es lo que impide que esta democracia devenga en tiranía, sin que la sociedad civil ejerza su derecho a la rebeldía, a la organización y a la imposición de su voluntad pero no porque se circunscriba a las normas y a la paz social sino porque el horizonte se encuentra a la altura de los pies y la única preocupación es tener internet para consumir chatarra y comprar bagatelas. Tras un par de vueltas en la rotonda salimos por la ruta de la desesperanza…

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