SIN LEY, FEROCIDAD (ANTIEDITORIAL)

Por Gonzalo Ramos

Pasmados, azorados, compungidos, maniatados y resignados, profundamente resignados los guachos de patria van y vienen, vienen y van sin esperanza.


Desesperanza tal vez sea el término correcto para ponerle un epíteto el ánimos de estos días en los que lo inverosímil es la norma y lo verosímil es la utopía que se aleja como los charcos en una ruta calurosa.
Un gobierno nacional paranoico como su presidente, una nación tan desangelada como sus votantes, un sistema de valores tan mezquino como el costo de vida; en ese guiso estamos todos siendo cocinados cuan menudos para ser tirados, con suerte, a los perros.


Si uno mira para adelante todo es deuda y dolor, si uno mira para atrás todo es despilfarro y sopor; y como no se pude mirar el presente vivimos de ayeres escurridizos y mañanas nebulosos. Lo único real es tu libertad, diría Estelares, pero ¿qué libertad?


No voy a discurrir sobre los conceptos de libertad porque para eso está tiktok pero sí voy a pensar con Ud. estimable leyente que cada vez decidimos menos y cedemos nuestro puchito de poder a los gobernantes de turno, a la tecnología a mano y a la moneda que cae todo el tiempo. Y eso no se parece ni un poco a la libertad porque creo que ceder, delegar, dejar que sucedan las cosas sin nuestra determinación no es un acto de decisión deliberativa sino un acto reflejo de desidia; una desidia complaciente, pueril y acomodaticia que es lo mismo que flamear la bandera de la cobardía al grito de Libertad, libertad y más libertad!


Si todo es ceder, si todo es automatizar y que el no azar decida en base a probabilidades, ecuaciones sencillas y alucinaciones lo poco que queda de libre albedrío estaría dirigido a cerrar los sentidos y enfrascarse en un ostracismo resistente, en repeler el contacto digital y la socialización (valga el oxímoron) por redes sociales para volver a lo humano ¿volver a lo humano? Si no hay nada más humano que el trabajo acumulado, que hoy se llama tecnología, nuevas tecnologías, inteligencia artificial y demás peyorativos. Fugar a lo humano no sería el camino, entregarse a las aguas podridas de la vida digital tampoco, sobreactuar indiferencia al olor del futuro mucho menos, estamos, mi estimable leyente, ante una aporía fatal.


No se pude caminar, mucho menos correr sin destino, eso dice la máxima, bueno en realidad lo que hacemos gran parte de nuestro tiempo es deambular sin sentido, y nos parece que está bien, que la vida es hacer trámites, comprar cosas, saldar deudas, postear, comentar, compartir, reaccionar y no mucho más que eso, todo sin demasiado criterio ni orientación, todo así, todo como si la vida fuera un gran absurdo.


Y tal vez lo sea, o tal vez no…

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