El gobierno de Javier Milei ha consumado un salto histórico en su política de sumisión colonial ante el imperialismo norteamericano. A través de la firma de una alianza militar por cinco años con el Comando Sur, la Casa Rosada autorizó el patrullaje conjunto del Mar Argentino por parte de buques y aviones de los Estados Unidos. Es un hecho aberrante que no registraba antecedentes desde la Guerra de Malvinas en 1982.
Para ejecutar esta entrega de soberanía, Milei recurrió a su metodologíapredilecta: un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU). el Ejecutivo actuó de facto para consumar un alineamiento de rodillas ante la administración de Donald Trump.
La doctrina Richardson y el verdadero botín
Esta claudicación no es un hecho aislado; es la ejecución directa de la hoja de ruta que la jefa del Comando Sur, la generala Laura Richardson, explicitó sin ningún tipo de pudor ante el Congreso de su país al referirse a América Latina: el control del litio, del agua dulce, de los alimentos y de las rutas bioceánicas.
La foto de Milei en Ushuaia, vestido de militar y rindiendo pleitesía ante Richardson, fue el humillante prólogo de este despliegue. El anuncio de la base naval integrada en Tierra del Fuego no es para «defender la soberanía», sino para cederle la llave de acceso a la Antártida a los EE.UU., convirtiendo a la Patagonia en un enclave militar bajo tutela del Pentágono.
El argumento oficial de que estas naves vienen a «combatir la pesca ilegal» es una burda mentira para consumo interno. Lo que está haciendo la derecha es meter de prepo a la Argentina en la disputa global entre el imperialismo norteamericano y China, convirtiendo al Atlántico Sur en una zona militarizada y un potencial escenario de conflictos ajenos a los intereses del pueblo trabajador.
La situación en América Latina
El giro colonial de la Argentina contrasta abiertamente con un mapa regional que empieza a crujir bajo el peso de la crisis económica y el descontento social. Mientras Milei intenta consolidar un régimen de entrega absoluta mediante el RIGI, los DNU y los decretos de subordinación militar, a pocos kilómetros las contradicciones estallan. El espejo es la Bolivia convulsionada actual, donde las rebeliones y bloqueos populares en La Paz y otras ciudades ponen en jaque las agendas de ajuste de los gobiernos capitalistas de la región.
Es mas que claro que el imperialismo norteamericano no viene a cuidar nuestros mares ni a garantizar la seguridad de la región; viene a militarizar el continente para garantizar el saqueo de las corporaciones multinacionales. Por eso tenemos que rechazamos tajantemente este pacto entreguista. La verdadera defensa de la soberanía no se hace de la mano de los talleres del Pentágono ni firmando DNU ilegales a espaldas del pueblo trabajador.
Hay que exigir la inmediata derogación del decreto entreguista, la anulación del acuerdo con el Comando Sur y la expulsión de las tropas norteamericanas de nuestro mar y nuestro territorio. Las Malvinas son argentinas, y el Atlántico Sur no se vende al imperialismo.
