MALVINAS 44 AÑOS: EL TUNELCITO

Por Gonzalo Ramos

El Tunelcito


La vida nos va sucediendo. Ayer caminábamos temblorosamente por los patios encantados de las casas de nuestras familia, hoy estamos abrazados en una trinchera congelada tratando de resistir, manoteando migajas de fuerza para sobrevivir.

Nos ha quedado lejos el pago, el calor fraternal, la burbuja indolente del pueblo. Te miro y no puedo creer cómo se nos ocurrió meternos de soldados, pensando que era una travesura más de las miles que habíamos pergeñado.

Ahora me acuerdo de nuestra intensa infancia y de esa tarde cuando te quedaste atrapado en el tunelcito del canal al que nos íbamos a bañar. No decías nada porque no querías pasar vergüenza pero me chistabas despacito para que te fuera a sacar.

Yo que estaba a mil en la guerra de barro con los de la otra cuadra ni te escuchaba. Recién cuando me traían sucio empecé a cogotear a ver dónde mierda estabas que no me ayudabas. Vos te habías largado por el tunelcito para aparecerle a los giles por el otro lado del canal y hacerlos aca.
Esa era una jugada que nunca fallaba y seguramente por eso en algún momento en que no los vimos o que no estábamos pusieron una piedra gigante que tapaba la mitad del tunelcito y que vos en tu ansiedad de hacer la jugada maestra no viste.

Cuando los otros comenzaron a recagarse de risa porque ya no chistabas sino que gritabas para que te saque, me puse de la cabeza y me largué a tirarle tremendas pedradas y a putearlos en todos los idiomas. Agarraron sus cañitas hechas con palo y se fueron para la represa torciéndose de la risa.

Vos estabas desesperado, ya me habías comentado que te daba terror largarte por el tunelcito acostado y arrastrado por el agua hasta el otro lado del canal. Me decías que te desesperaba la idea de no salir. Estabas llorando desconsoladamente y yo que no encontraba un palo lo suficientemente largo para tirarte. Cuando te pude sacar me abrazaste tan fuerte que pude sentir tu terror. Creo que desde ese día decidimos ser hermanos, casi como gemelos inseparables, siameses.

La belleza de la niñez y la efervescencia de la juventud nos encontraron espalda con espalda viviendo, riendo y disfrutando de un mundo sin límites.

Ahora vuelvo a mirarte y no puedo creer cómo pudiste cometer dos veces el mismo error, si te dije que había pozos falsos, hechos por los ingleses, que te fijaras bien. Te dije que me esperaras, que no salgas solo, que no te metas en cualquier pozo.

Ahora el que llora aterrorizado soy yo, pero vos no podés abrazarme, se te fueron los recuerdos de la mirada. A mí se me va la esperanza, la alegría, la sonrisa del mundo es una risotada maléfica.
Quiero volver con vos al cerro a hondear torcazas, quiero que nos vayamos a bailar a La Merced, quiero que te levantés y salgamos juntos a cagarlos a tiros a estos ingleses hijos de mil putas. Quisiera seguir viendo en tus ojos la luz de la picardía y la imaginación. Quisiera vernos otra vez niños, irreverentes y felices. Pero vos tenés los ojos tapados de tierra y sangre y yo soy un perro rabioso que se va a morir de impotencia y bronca.

Pero antes, antes se van a morir estos ingleses miserables, tramposos y cagones, antes también se va a morir ese jefe porteño, ese borracho de mierda que nos humilló por negros y salteños, le voy a meter un tiro en el culo a ese malparido, sabés.

De ahí me vengo para que arranquemos el nuevo rumbo, esperame porque vos siempre te largas primero y yo tengo que andar correteándote por atrás. Esperame hermanito,esperame.

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